I CHING Y EL FUTURO DEL AMOR
Está de moda anunciar el fin del mundo el 2012. Comenzamos con la cultura maya, pasando por Nostradamus y llegamos al I Ching, practica milenaria oriental que utiliza la dualidad del universo, el bien y el mal, en ying y el yang que cubren la totalidad de lo existente. El deseo de saber que será de nuestra realidad nos vuelve la mirada al uso del I ching y la adivinación del futuro.

El I Ching es uno de los libros más antiguos de la historia, hace 3.000 años. Por siglos la cultura oriental confio su futuro a las predicciones que se obtenían del libro, interpretado por confucionistas y otros sabios. Actualmente investigan sus influencias y los posibles cambios a los que cualquier ser se tiene que enfrentar a lo largo de su vida. Sin embargo, como en todas las cosas que van llegando y sobre las que no investigamos o queremos profundizar, se van creando nubes que sin lugar a dudas densifican su entorno, comprensión y asimilación, así como entendimiento.
El origen de la técnica que utiliza el i ching es aún debate de los estudiosos. Al principio fue simplemente una colección de signos destinados a fines oraculares. Los más primitivos se limitaban a obtener respuestas como si y no. De hecho el origen de este libro es el mismo. El sí se señalaba con un trazo continuo, y el no con un trazo discontinuo o quebrado. Pronto surgió la necesidad de profundizar más en las respuestas, por lo que aparecieron combinaciones de estos dos trazos simples, surgiendo las cuatro combinaciones posibles. Posteriormente, a estas se añadía luego un tercer elemento lineal, estos, eran la imagen de lo que ocurría en el cielo y sobre la tierra. Se dieron cuenta que los sucesos que reflejaban cada signo, eran la continuación de uno anterior, llegando a obtener una secuencia que provocaba la transición o "mutación" de uno a otro.
Los ocho signos son por lo tanto símbolos pertenecientes a estados de transición, de energías que van mutando, cambiando. Posteriormente se asignó una serie de características a cada uno de los signos que lo hacían particular ante el resto. En su origen, el I Ching es un libro sin palabras. Es una sucesión finita de 64 signos (en chino kua) no idiomáticos con significados infinitos, a su vez en secuencia cíclicamente infinita; un perfecto sistema algebraico. Como tal su lectura, aplicación e interpretación es igualmente ilimitada y universal. Gracias a su total abstracción, puede verse en él una síntesis enciclopédica de la realidad, desde los más diversos ángulos; puede interpretarse como una cosmogonía, como un sistema de lógica, o de matemática, en última instancia como una representación de la trama evidente del mundo, o más allá de ésta, como una representación de su trama secreta. Y como este texto verbal transmitido es una amalgama de sabiduría taoísta con los principios de la filosofía moral confuciana, se presenta virtualmente como un tratado de ética. El acatamiento de los principios éticos resulta condición sine qua non para que -en su función oracular- las predicciones puedan darse y los vaticinios puedan cumplirse.












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